Venus


Distancia al Sol: 108 millones de kms
Segundo planeta en distancia respecto al Sol
Planeta rocoso, de tamaño parecido a la Tierra, con densa atmósfera
Color dominante: grisáceo amarillento

Venus es el segundo planeta más cercano al Sol. Se ha dicho a menudo que es un planeta hermano de la Tierra, ya que ambos son similares en cuanto a tamaño, masa y composición. No obstante, cuando se analiza sus condiciones climáticas y atmosféricas, nos damos cuenta de que poco tienen que ver. La órbita de Venus es una elipse con una excentricidad de menos del 1%, prácticamente una circunferencia.

Venus es perfectamente visible a simple vista, siendo el tercer astro en cuanto a brillo, después del Sol y la Luna. Popularmente denominado como lucero del alba, es visible al atardecer, después de la puesta del sol o bien al amanecer, antes de la salida de aquél. Debido a su elevado brillo, en algunas ocasiones es posible localizarlo incluso con luz diurna, lo que resulta realmente espectacular. Cuando su elongación es máxima (47,8º) podemos disfrutar de su observación con un cielo más oscuro y contrastado. Es el planeta que puede acercarse más a la Tierra, llegando a tener una distancia mínima de unos 39 millones de kilómetros.

La posición interior del planeta con relación a la Tierra, hace posible que, al igual que en el caso de Mercurio, podamos observar el fenómeno de tránsito por delante del disco solar. La primera vez que fue observado data de 1639, y en posteriores observaciones se constató la existencia de una atmósfera en el planeta (1761 – Mijail Lomonosov).

Una característica singular de Venus es su rotación retrógrada. Es decir, gira alrededor de su eje en sentido de las agujas del reloj. La Tierra y el resto de planetas del sistema solar (a excepción de Urano) lo hacen en el sentido inverso. Se desconoce el porqué de ésta peculiaridad, pero para un visitante de este planeta, resultaría ciertamente curioso ver aparecer el sol por el oeste en lugar de por el este. Esta rotación tiene una duración de 243 días, y el año de Venus tiene una duración de 224 días.

Cuando dirigimos un telescopio a Venus, únicamente podemos observar un disco circular o en fase, dependiendo de la posición orbital en que se encuentre con respecto a la Tierra, pero sin rastro alguno de detalles de superficie. Esto es debido a que Venus está rodeado de una masa densa de nubes perpetuas, con una atmósfera compuesta de dióxido de carbono y nitrógeno. Estas características atmosféricas generan un efecto invernadero capaz de elevar la temperatura hasta los 460º centígrados. El calor se esparce por la superficie del planeta gracias a los fuertes vientos de hasta 350km /h. Curiosamente, la luz del sol no llega a calentar la superficie del astro, ya que en su mayor parte los rayos de luz son reflejados o absorbidos por la atmósfera.

El primero en dirigir un telescopio a Venus fue Galileo Galilei, en 1610. Las fases que pudo observar, y el tamaño relativo del disco en cada una de ellas, apoyaron la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico. Fue en los primero años de observación con instrumentos ópticos que se detectaron fenómenos extraños e inexplicables en Venus. En la parte de disco oscuro del planeta, algunos observadores (Giovanni Riccoli – 1643) habían dicho haber visto luces amarillentas que aparecían brevemente. Se las conoce como luces de Ashen. La explicación podría estar en fenómenos atmosféricos eléctricos, como parece haber apuntado sobre su existencia la sonda Galileo en 1990. Como podemos ver, 350 años después los misterios pueden irse desvelando, aunque no con certeza absoluta.
Los inicios sobre la exploración de la superficie de Venus fueron mediante emisiones de radar para calcular su rotación e intentar detectar detalles de la morfología de su superficie. Pero no fue hasta la llegada de las sondas espaciales que pudo realizarse un mapa completo de los detalles del planeta.

Hoy sabemos que su superficie se estructura en dos mesetas principales a modo de continentes, elevándose sobre una vasta llanura. La meseta Norte se llama Ishtar Terra y contiene la mayor montaña de Venus (aproximadamente dos kilómetros más alta que el Monte Everest), llamada Maxwell Montes en honor de James Clerk Maxwell. Ishtar Terra tiene el tamaño aproximado de Australia. En el hemisferio Sur se encuentra Aphrodite Terra, mayor que la anterior y con un tamaño equivalente al de Sudamérica. Entre estas mesetas existen algunas depresiones del terreno, que incluyen Atalanta Planitia, Guinevere Planitia y Lavinia Planitia. Con la única excepción del Monte Maxwell, todas las características distinguibles del terreno adoptan nombres de mujeres mitológicas.

En la superficie de Venus difícilmente encontraremos cráteres de menos de 3 kms de diámetro. La explicación es sorprendente: debido a la alta densidad de la atmósfera, los cuerpos errantes que entran en su atmósfera se desintegran antes de convertirse en meteoritos y se desintegran en la misma atmósfera. Sólo los cuerpos de elevado tamaño llegan a impactar en la superficie. Por este motivo, los cráteres existentes son de dimensiones considerables.

Aproximadamente el 90% de la superficie de Venus parece consistir en un basalto recientemente solidificado con muy pocos cráteres de meteoritos. Las formaciones más antiguas presentes en Venus no parecen tener más de 800 millones de años, siendo la mayor parte del suelo considerablemente más joven (no más de algunos cientos de millones de años en su mayor parte), lo cual sugiere que Venus sufrió un cataclismo que afectó a su superficie no hace mucho tiempo en el pasado geológico.

El interior de Venus es probablemente similar al de la Tierra: un núcleo de hierro de unos 3.000 km de radio, con un manto rocoso que forma la mayor parte del planeta. Según datos de los medidores gravitatorios de la sonda Magallanes, la corteza de Venus podría ser más dura y gruesa de lo que se había pensado. Se piensa que Venus no tiene placas tectónicas móviles como la Tierra, pero en su lugar se producen masivas erupciones volcánicas que inundan su superficie con lava «fresca». Otros descubrimientos recientes sugieren que Venus todavía está volcánicamente activo.

Otra de las curiosidades de Venus es su débil campo magnético. Su explicación se fundamenta en la bajísima velocidad de rotación, incapaz de generar energía (efecto dinamo) con su núcleo de hierro.

Venus es un planeta al que se enviaron un buen número de sondas espaciales, básicamente las Venera soviéticas y las Mariner norteamericanas. Gracias a ellas y a otras de los últimos años del siglo XX hoy sabemos que tenemos como vecino más próximo un planeta inhóspito y con poco interés para los observadores ópticos. Las observaciones las limitaremos a fenómenos singulares que despierten un especial interés.

Las dimensiones de la Tierra y Venus son muy semejantes. Muy al contrario de las características físicas y geológicas.

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