Marte


Distancia al Sol: 228 millones de kms

Cuarto planeta en distancia respecto al Sol
Planeta interior, rocoso, con una leve atmósfera
Color dominante: rojo anaranjado

El planeta Marte es inconfundible cuando aparece en el cielo nocturno. Su tonalidad intensamente rojiza justifica sobradamente que se le conozca popularmente como el planeta rojo.
La observación de Marte es muy complicada, básicamente porque el diámetro aparente de su disco en un telescopio modesto resulta tan pequeño que prácticamente no se distinguen detalles de superficie. A lo sumo de advierten los casquetes polares y sombras de tonos más oscuros que en el pasado despertaron la fantasía de algunos observadores.
Marte tiene unas dimensiones menores que la Tierra. Su diámetro es de 6.794,4 km en el ecuador (aproximadamente la mitad de la Tierra), y es el último de los planetas interiores (Mercurio, Venus, Tierra y Marte), que se caracterizan por una composición rocosa y tamaño notablemente menor que el resto de planeta más alejados del Sol.
Tal vez Marte es el planeta más parecido, en algunos aspectos, a la Tierra.
La historia de la observación de Marte se asemeja a un cuento romántico. Todo empezó en el año 1877, cuando se produjo una oposición de Marte. Marte y la Tierra se acercaron mucho y los astrónomos aprovecharon la oportunidad para dirigir sus telescopios hacia el planeta rojo para estudiar su superficie.

Para el astrónomo italiano Giovanni Virginio Schiaparelli, director del Observatorio Brera de Milán, era el momento ideal para probar el nuevo telescopio de 21.8 centímetros.

Los canales que Schiaparelli creyó ver en Marte

Los canales que Schiaparelli creyó ver en Marte

Inició una serie de observaciones, que duraron alrededor de 10 años, y basándose en ellas, Schiaparelli dibujó un mapa de Marte muy detallado. Diriase que excesivamente detallado. El astrónomo italiano bautizó los accidentes topográficos marcianos con nombres de la mitología griega y de la biblia. Pero lo más notable de su mapa es la red de líneas bien definidas con que Schiaparelli tapizó la superficie de Marte, y que llamó canales.
Muchos astrónomos que también habían observado Marte con detenimiento expresaron sus objeciones a esta definición de los detalles de la superficie marciana. El astrónomo estadounidense Edward Barnard escribió: “He estado observando y dibujando la superficie de Marte. Está llena de detalles. No cabe la menor duda de que hay valles y montañas, pero no podría creer en los canales que dibuja Schiaparelli ni aunque mi vida dependiera de ello. Veo detalles donde él no. Veo detalles donde él pone canales, pero no son líneas rectas ni por asomo. Estoy convencido de que los canales son falsos y que esto quedará demostrado con unas cuantas oposiciones más”.
Y es que el principal problema estaba en esa linealidad de los detalles que mostró al mundo, que sugerían que en Marte alguien había alguna clase de inteligencia. Ríos de tinta corrieron en la prensa mundial, y se disparó la moda de lo marciano. No en vano hoy en día se asocia la idea de vida extraterrestre al término “marciano”. Los hombres verdes habían nacido…

Recorte de prensa sobre los canales marcianos

Y en la comunidad astronómica se inició un duro debate al respecto. Unos veían los canales, otros no. La controversia no se podía zanjar. El principal promotor de la idea de unos canales artificiales en Marte fue el astrónomo y millonario estadounidense Percival Lowell.

Lowell construyó un observatorio en Flagstaff, Arizona. Entusiasmado por la posibilidad de vida inteligente en Marte, “vio” los canales y los representó en mapas, dibujándolos cada vez más rectos. En una época en que las proezas de la ingeniería deslumbraban al público general, las ideas de Lowell encontraron suelo fértil donde germinar. En Marte había vida inteligente, los canales eran un sistema de riego o de distribución de agua desde los casquetes polares hasta las zonas habitadas, combatiendo de este modo la árida climatología. Las variaciones de color que se veían en la superficie del planeta eran indicio de vida vegetal, que crecía o disminuía en función de las estaciones del año marciano.

Las polémicas siluetas de la esfinge y las pirámides marcianas

El Rostro de Marte, ubicado exactamente en Latitud 41º N y Longitud 9º W, tiene aproximadamente 2,5 kilómetros de largo, 2 kilómetros de ancho, y a juzgar por la longitud de la sombra en la imagen 35A72, la altura se calcula sobre los 800 metros. La “pirámide” marciana más grande de Cydonia tiene, para hacerse una idea del tamaño, unas 800 veces el volumen de la Gran Pirámide de Gizeh en Egipto.

De las imágenes de la Viking, desenpolvadas de los archivos pendientes de revisar, algunos obtuvieron argumentos para aseverar que habían encontrado algunas construcciones de tipo piramidal y alinamientos con un patrón predeterminado; también se registraron evidencias similares en las zonas de Utopía y Elysium.

La rumorología siguió avanzando “in crescendo” durante toda la década de 1.990, hasta que la Nasa en 1998 terminó con todas las especulaciones de la prensa y de los investigadores independientes, presentando una imagen más precisa de la misteriosa figura de la esfinge, captada por la Mars Global Surveyor, y en la que aparecía esta vez una formación montañosa peculiar, capaz de proyectar confusos efectos de luces y sombras, pero que en definitiva no era sino un monte marciano más.

La referida montaña en la imagen de MGS-Nasa de 1.998, parecía presentar de repente más irregularidades y un terreno mucho más abrupto y desordenado. Algunos contornos parecían recordar trazos artísticos que contrastaban con los fríos registros cartográficos y fotográficos en blanco y negro de la Misión Viking. El problema quedó resuelto oficialmente a partir de ese día. Sin embargo, todavía sigue sin encajar bien la información recogida por las misiones Mariner y Viking, cuyos informes no se parecen en nada a las fotografías marcianas que nos han ido llegando en los últimos años.

Tres años después de haber descendido en Marte las naves Viking en 1.976, dos científicos de computación, ambos contratados entonces para la Nasa, en el Goddard Space Flight Center, en Greenbelt, Maryland, empezaron a trabajar en la intensificación computadorizada de las fotografías del Rostro de Cidonia y sus pirámides acompañantes. Sus nombres eran Vincent DiPietro y Greg Molenaar. DiPietro cuenta el momento en el que se encontró con el Rostro: “Ahí, frente a mí, en blanco y negro, estaba la imagen serena de un rostro de apariencia humana, resaltando contra el fondo de la superficie del suelo marciano”. DiPietro y Molenaar obtuvieron permiso para utilizar unos equipos especiales de la Nasa durante las horas inhábiles, lo cual suponía trabajar de la media noche en adelante. Como DiPietro lo expresa: “Estábamos empezando a vivir una aventura fantástica…”.

Trabajando directamente con las cintas originales de media pulgada de las Viking, los dos científicos comenzaron su operación de procesamiento en enero de 1.980. Para la ampliación de los detalles del Rostro, utilizaron técnicas digitales de computadora. Los píxeles estaban repletos de errores de transmisión. Así que desarrollaron un nuevo proceso de intensificación de imagen por computadora, denominado SPIT, obteniendo imágenes sorprendentemente claras. También utilizaron técnicas de intensificación cromática, las cuales permitieron diferenciar todos los cambios sutiles en los tonos grises. Esto hizo resaltar de pronto los detalles de un globo ocular. Más tarde, la misma técnica empleada confirmaría la presencia de una segunda cavidad ocular, en el lado oscuro, lo cual verificaba definitivamente la simetría esencial del Rostro. En la segunda fase de esta investigación, se inició una búsqueda en los registros Viking, para localizar una segunda cinta que contuviera imágenes de otro vuelo de reconocimiento sobre la región marciana de Cidonia. Esta segunda imagen, que resultó ser la número 70A13, también fué sometida al proceso SPIT. Los resultados no sólo confirmaron los obtenidos anteriormente, sino que añadieron información adicional consistente en una segunda cavidad ocular mejor definida, una continuación del tocado de la cabeza, y la forma del mentón. Si algo demostró el proceso SPIT fué que el rostro y las pirámides no eran simples formas de carácter fortuito. Una observación posterior reveló que la boca del Rostro de Cidonia mide 100 metros de lado a lado. También apareció una especie de rampa, de aproximadamente 40 metros de ancho, la cual empieza en el lado izquierdo del rostro y se extiende luego a través de la base del área del mentón.

Muchas de las discutidas formas artificiales, tanto en el área de Cidonia, como en la región Elísea, parecen estar colocadas bordeando siempre las costas de un antiguo mar, y por encima del nivel del agua. Estas ubicaciones pueden sugerir algún tipo de construcción y asentamiento inteligentes y planeados. Mediante las técnicas de intensificación se confirma una simetría general en ambos lados del Rostro, y que el lado que está en la sombra es igual de alto como el que está iluminado en la fotografía. No hay duda de que no se trata de un medio rostro, sino de una faz completa, de la cual la nariz es indiscutiblemente el punto más alto.

Un trabajo posterior del Dr. Mark Carlotto, que utilizó un proceso de extracción de formas a partir de técnicas de sombreado, parecería mostrar que la cara no es un truco de luz y sombra o un resultado de variaciones en el albedo superficial. Sería una forma tridimensional en el terreno que, por la razón que sea, tiene forma de cara humana. El proceso de imagen realzado de Carlotto revela más claramente la presencia del hueco del ojo en el lado sombreado, así como detalles en la boca que sugieren dientes.

El 8 de abril de 2001, la misión Mars Global Surveyor (MGS) tuvo una nueva oportunidad de apuntar su cámara (Mars Orbiter Camera, o MOC) hacia la controvertida zona de la Cara y la Ciudad de Marte. En esa fecha y a las 8:54 pm de Greenwich, el MGS fue rotado 24,8 ° hacia la izquierda de modo que apuntara hacia la cara, a unos 160 km de la vertical de ésta y a una distancia de unos 450 km. La imagen resultante tiene una resolución de alrededor de 2 m por pixel. Para dar una idea, un avión de pasajeros se vería bien en esta imagen. La nueva foto de la cara cubre una zona de alrededor de 3,6 km de uno de sus lados. La luz del sol ilumina la imagen desde la izquierda, abajo.

Este relato no pretende dar ninguna opinión acerca de la veracidad de unas u otras especulaciones. Independientemente de las opiniones, la realidad será la que es… Simplemente pretendo dar una muestra significativa de cómo unas imágenes de un planeta distinto a la Tierra pueden revolver la polémica en nuestro mundo. No importa si son dibujos a mano de Schiaparelli o imágenes tomadas desde una sonda espacial. Marte es así…

Y es que Marte nos sorprende contínuamente. Desde el Valle Marineris al Monte Olimpo (el mayor volcán conocido del sistema solar, unas tres veces más alto que el monte Everest), pasando por sus retorcidos lechos de antiguos ríos, los “dust devils” que recorren su superfície barriendo cuanto queda a su merced, sus misteriosos agujeros redondos en la superfície, la posibilidad casi cierta de contener una gran cantidad de agua en el subsuelo, las mutaciones de los casquetes polares, los extraños satélites (Phobos y Deimos) que dan vueltas a su alrededor…

No es nada extraño que sea el planeta elegido para narrar historias de conquistas, batallas interestelares, civilizaciones apocalípticas y pequeños hombres verdes que nos observan desde la profundidad del espacio.

Y es que Marte siempre ha despertado la imaginación humana, tal vez necesitada de no sentirse sola en medio de la inmensidad del Universo…

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