Introducción – Nota del Autor

La Tierra, nuestra nave

Pocos son los que tienen conciencia de estar viajando a través del Universo en todo momento. Nuestra rutina diaria, el trabajo, las labores del hogar, los hijos, los mayores, la pareja… Todo contribuye a crear en nuestras vidas un micromundo que nos hace olvidar aquello que hay más allá de nuestras paredes y nuestros televisores. Sencillamente, todo lo que no está cerca de nosotros es como si no existiese.

Pero no es así…

Más allá de nuestra rutina hay una realidad. Y es tan importante y decisiva como los pequeños escollos que nos asaltan cada dia. La Tierra viaja por el espacio a una endiablada velocidad de 107.000 kms por hora. En su viaje, la Tierra devora partículas del Cosmos, restos de cometas, asteroides y todo cuanto se cruza a su paso. Y está sometida a la probabilidad cierta de que un impacto de consecuencias devastadoras pueda acontecer en un futuro no muy lejano. Ya hay muchas huellas de catástrofes anteriores en su superficie…

Desgraciadamente, todo eso acostumbra a quedar en la ignorancia absoluta.

Nuestro hogar, teñido de azul y orbitando nuestro Sol, se desplaza junto con este, trazando un movimiento en espiral que va en dirección a la constelación de Hércules. En su superficie palpita la vida, como un precioso regalo que deberíamos saber cuidar. Si fuesemos capaces de asomarnos al exterior y ver la inmensa negrura que nos rodea, la cantidad de espacio oscuro y vacío de materia, su devastador silencio y la soledad que impera, tal vez seriamos capaces de volver la mirada hacia nuestro modesto planeta azul con una perspectiva diferente, más humanizada y consecuente. El hombre habita la Tierra tal vez desde hace algún millón de años. A pesar de que el mundo científico baraja muchas fechas en ese sentido, no deberíamos ser tacaños a la hora de asignar una antiguedad aproximada. Y más si tenemos en cuenta que se estima que la Tierra existe como tal desde hace aproximadamente 4.500 millones de años. Con eso nos damos cuenta de lo poco que hace que estamos por aquí. Y sin embargo, consideramos que somos los propietarios del planeta…

Hay un calendario que diseñó el malogrado astrónomo norteamericano Carl Sagan, y que sirve para ilustar con una claridad meridiana lo poco menos que ridículas pretensiones que tenemos en ese aspecto. Se trata de su “Calendario Cósmico”, y que sitúa la formación del Universo conocido dentro de la escala de un año terrestre. El resultado es el cuadro que hay a continuación:

 

calendario20cosmico

 

La humanidad sólo aparece en escena en los últimos minutos del 31 de diciembre de ese “Año Universal”. Y dentro de una pequeñísima fracción del último segundo del año estamos nosotros, la civilización moderna. Los dinosaurios se extinguieron tan sólo hace unos días…
Realmente cuesta imaginar la extensión de historia pasada en la que los humanos no existiamos. Por este motivo, la Astronomía nos facilita el camino para ejercitar nuestra humildad. Y desde ella, aventurarnos al descubrimiento, siempre sorprendente, de las maravilla que nos tiene reservadas.

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